Fuente: NCYT
Le
pedimos mucho a la tierra: alimentar al mundo con cultivos, energizarlo
con bioenergía, y retener nutrientes para que no contaminen nuestra agua y el
aire. Para ayudar a los campos agrícolas a satisfacer a estas altas exigencias,
unos científicos del Laboratorio Nacional estadounidense de Argonne en Illinois
se encuentran diseñando formas de mejorar, y esperemos que optimizar, el uso
del suelo.
Colaborando con una comunidad
agrícola en la zona central del estado de Illinois, el equipo de la agrónoma
Cristina Negri está encontrando formas de alcanzar simultáneamente tres
objetivos: maximizar la productividad agrícola, cultivar biomasa para
biocombustibles y ayudar a proteger el medio ambiente. Resulta que estas metas
no son necesariamente excluyentes entre sí.
Ante todo, hay que ver a cada campo
agrícola no como unidad sino como un conjunto de unidades distintas.
Negri y sus colaboradores hicieron
una minuciosa recolección de datos y realizaron un cuidadoso análisis de los
mismos, tomando como ejemplo práctico un maizal.
En el campo analizado, hallaron que
las zonas con la menor producción tenían también la menor retención de
nitrógeno. Estas secciones de tierra son doblemente problemáticas, por cuanto
son poco rentables para el agricultor y además dañan el medio ambiente.
Plantar
cultivos bioenergéticos en parcelas donde los vegetales alimenticios están
teniendo dificultades para crecer podría proporcionar biomasa útil y también
limitar el paso del fertilizante de nitrógeno hacia vías acuáticas, todo ello
sin mermar los beneficios del agricultor. (Ilustración: John Moreno / Argonne National
Laboratory)
Plantar cultivos de bioenergía en
una tierra poco productiva podría resolver ambos problemas, el medioambiental y
el económico. Todo lo que se necesita es un entorno multifuncional, donde los
recursos sean gestionados eficientemente y los cultivos sean situados en la
posición ideal del suelo. El equipo de Negri ha llegado a la conclusión de que,
en bastantes casos, plantar cultivos bioenergéticos en parcelas donde los
vegetales alimenticios están teniendo dificultades para crecer podría
proporcionar biomasa útil y también limitar el escurrimiento del fertilizante
de nitrógeno hacia vías acuáticas, todo ello sin mermar los beneficios del
agricultor.
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